en márgenes amplios, sin detenerse,
su impulso no deja de enriquecerse
de ese gran misterio, que brota y palpita.
El agua sofoca lo que alli crepita,
ese fuego interno que en el mar subyace
y entre sus mareas, nuestra tierra yace,
sucumbe, y de pronto, bramando nos grita.
Su voz terrenal, se abre en un abismo,
rompiendo la piedra, dejando su entraña,
con una penuria tan loca y extraña,
que forma su imagen sobre un espejismo.
El mar nunca llega a calmar su furia,
porque se adolece y gritará su pena,
con su voz terrible, desgarrada y plena,
ante tanta afrenta de incómoda injuria.
Se queja la tierra, hacia el mundo entero,
porque su dolor es tan agobiante,
que no se detiene en un sólo instante,
por eso su grito desgarrado, es fiero.
Nadie habrá sentido en su corazón,
el amor que fluye, si lo ha recibido,
la tierra cumplió, ya su cometido,
por eso se angustia en su desazón.
La tierra es firmeza, debemos llevar
este sentimiento, viendo la certeza
que hay que proteger la naturaleza,
pues sin duda alguna…¡Este es nuestro hogar!
Escrito en Junio 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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