de dudas, donde las angustias se ahogan
y en su profundo caudal, se sumergen
las lágrimas de cristal que hieren las inocentes
lágrimas.
El pensamiento se deshace en pequeños
gropúsculos de ideas trasnochadas y la noche
exhibe su negra pupila, hasta que la aurora
ilumine su retina.
Un azul puro e inmaculado, se copia desde
el cielo, en el ancho mar, y el sol
va acariciando con sus tibios rayos,
las doradas espigas que se agitan
en el campo, escuchando
los rumores del viento y los silencios,
que guardan las cañadas. Antaño el eco,
repetía las voces del trueno y la tierra
se estremecía, temerosa de algún exorcismo
Escrito en Mayo 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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