sin que nadie se entere.
Hay ladrones que roban el brillo de los ojos,
por opacidad de sus vidas.
Quien vive en el vacío, toda satisfacción ajena,
le parece desmesurada.
Eso provoca su estado de ansiedad,
apoyada en el el grueso de sus insatisfacciones.
Ocres áridos en la piel de sus existencias
y un gris profundo en sus almas.
Vértices hirientes e incisivos, como aceradas miradas,
gestadas en la envidia.
Tóxica armadura y el cáñamo seco
en sus agrietadas y huecas vidas.
Buscad, entonces la luz que se advierte en el ático,
cuando las cejas se elevan y los ojos alcanzan con la mirada,
la inmensidad del cielo.
Escrito en Agosto 2016 por Eduardo Luis Díaz Expósito."Zuhaitz"

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