lleva un ángel y un demonio,
que darán su testimonio
de todo lo acontecido.
La virtud o la maldad,
son un cuerpo dividido,
en un abismo perdido,
que buscan su realidad.
Así, la concupiscencia,
se considera pecado,
por la huella que ha dejado,
sobre una frágil conciencia.
Moribunda, la virtud,
cuando el deseo la excita,
la vida, la resucita
en su total magnitud.
Al amar, has de acabar
con esa cruel simiente l
que se escapa libremente
y te impide razonar.
En el amor, la prudencia,
es la base del cariño,
con la inocencia de un niño,
reconstruye tu conciencia.
Escrito en Septiembre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.











