ante el crudo fragor de una batalla,
nuestra fe en la humanidad, muy pronto calla,
pues se pierde una verdad que la sostiene.
Al saberse, porqué la humanidad,
se reitera, en vivir en el error,
olvidando el ejercicio del amor,
que se niega con total severidad.
El aliento del mundo, con sus voces,
nos proclama con tristeza, esa desidia,
que aún palpita en el rescoldo de la envidia,
con sus vértices de cúmulos atroces,
que nos nublan la razón, porque al odiar,
nada queda sobre el alma, y no merece
la atención, mientras se va y desaparece
un motivo suficiente para amar.
Escrito en Junio 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.











