sobre un papel, que yace adormecido,
la tinta es el caudall de mi latido
de sangre, en un sentir que va brotando.
El verso no es sólo composición
en un arte, que pretende ser eterno,
pues nadie ha visitado el crudo infierno,
sufriendo para hallar la redención.
Se paga cara una equivocación,
la vida resultó, que en mi aventura,
no se olvidó, y me pasó factura,
pagando para mi liberación.
Sufrí, pero jamás estuve muerto,
la vida me obsequió con un regalo,
a fin de cuentas, nunca he sido malo
y a veces he tenido algún acierto.
Contemplo, que mejoro cada día
y haciendo el bien, trasmuto mi pesar,
pues nada se tiene que demorar,
viviendo con humor, en la alegría.
La vida con su suerte, me bendijo
y puedo proclamar, con sano orgullo,
que desde mi silencio, hay un murmullo
que escucho en las palabras de mi hijo.
Nació, siendo mi meta y mi ilusión,
lo vi crecer con la sabiduría,
que solamente él se merecía,
como una extraordinaria bendición.
Retazos de mi vida, voy dejando
y el tiempo que me queda es importante,
por eso, en mi misión, sigo adelante
y siento que mi ser, va prosperando.
Mi hijo, ha de llevar sobre sus hombros,
acaso, una posición de mi legado,
es todo cuanto tengo, y le he dejado
entre un silencio mudo y sus asombros.
Escrito en Junio 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.







