irregular, que concluye en su cima,
ni el río, por esa pérdida de agua, que el mar
devora en su desembocadura.
Todo regresa a su origen y se precipita
nuevamente en un ciclo continuo.
Nada es perenne, y sin embargo, existe
un retorno, desde el cual emerge la vida,
con todos sus componentes adicionales.
Tal vez, en la creación se manifieste un cambio
de estado.
La constancia se diluye y se torna fluidez,
desde su sólido aspecto, gozando de una
libertad inusual, para la estructura
de una roca.
El agua fluye y bajo un ardiente sol,
se evapora, ascendiendo hacia los cielos.
Un viento frío, provoca las lágrimas que brotan
desde las nubes y nuevamente, descienden sobre la tierra, o sobre el agua, que solidifica
en hielo, su mineral existencia, bajo el reflejo
cristalino de las auroras boreales.
Escrito en Noviembre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.








