existe, por excelencia,
una luz, cuya potencia
es de una tea encendida.
No sirve quejarse luego,
si ves la llama apagada,
pues debe ser controlada
para mantener su fuego.
El tiempo es inexorable,
porque no hay mayor verdad,
que merma en su intensidad
esa llama memorable.
No existe regla, ni ciencia
que pueda evitar, acaso
que sintamos el ocaso
reinando en nuestra conciencia.
La más noble inteligencia,
debe de rendir tributo,
cuando al caos absoluto,
no ha servido la elocuencia.
Todo debe perecer,
pues es muy claro el destino,
al término del camino
hay un nuevo renacer.
Escrito en Agosto 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.









