en un deseo de luz que se transita,
bajo una piel en ciernes que me habita
y acaso, es mi piel un tanto amarga.
Otrora es el júbilo encendido
que dura, lo que dura una explosión
y siento reventar mi corazón,
pensando cómo y cuánto te he querido.
Recuerdos de alegrías y tristezas,
que son esa epidermis que compones,
en una telaraña de emociones,
que vas recomponiendo con sus piezas.
La casa que llenaste con tu infancia,
de risas y de juegos infantiles,
la luz que se agotaba en los candiles
y nunca concediste su importancia.
Como su luz, te has ido consumiendo
y hoy queda la nostalgia del pasado,
que el tiempo se llevó, sólo ha quedado
la imagen que se ha ido diluyendo.
Pues, los recuerdos pesan y gravitan,
sobre el presente, si en nuestra añoranza,
aún quedan esos restos de esperanza,
que vuelven, cuando se los necesitan.
Escrito en Septiembre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.











