que quiere perpetuarse, llenando los espacios
con una vibración que desborda
el gris atemperado del silencio,
para abordar un acorde perfecto.
Acorde o conjunción de sonidos,
que agrupan timbres y tonos, en un arco
que se proyecta como saeta
o abanico armónico, creciendo y sucediéndose
atemporalmente.
Una campana de cristal que suena
en la transparencia del aire,
con su propia transparencia,
obsequiando con sus tonos,
un cromatismo sonoro de una riqueza
indescriptible.
Eso es la voz, el idioma de las aves
trascendido al sonido del batir de alas
de los ángeles que huyeron del cielo,
para manifestar su presencia en la tierra.
Escrito en Febrero 2020 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.


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