El silencio se hace eco del pensamiento
y emergen preguntas que flotan en la razón,
desde el subconsciente.
Preguntas para afianzar la identidad
que intuimos, pero desconocemos.
Esa conexión con lo divino, desde el principio
primordial de la consciencia, al reconocernos
únicos e individuales, a pesar de los millones
de células que nos componen.
Nacemos del letargo del tiempo,
para despertar a una realidad que, sentimos
en esa unidad, palpitando en nuestro interior.
Todo lo que conocemos y vivimos, es creado
por nosotros mismos, desde el nacimiento
de nuestra consciencia.
Acaso, el mundo que nos es reconocido,
no sea más que, creaciones propias
de nuestras mentes, y el tiempo sea
un accidente en nuestra memoria, brotando
desde la imaginación, para seguir una pauta
existencial, en la ubicación,
en la que colocamos, cada una de nuestras
experiencias de vida.
¿Qué es nuestra propia vida,
sino la consciencia de ser y estar,
tomando como punto de referencia,
cada conexión en otras vidas, en las que
nos reconocemos como una minúscula
parte de un Todo?
Llamadlo Dios, Existencia o Energía creadora.
Somos, porque tenemos consciencia de ser,
en cada manifestación que nace del silencio
de la razón, y provoca un estado de admisión,
en el que nos sentimos una realidad palpable,
dentro de otras esferas que, convergen
en nuestra órbita existencial.
Soy porque eres y me reconozco en tí,
en un efecto de espejo en el que, cada reflejo
es una versión de mí mismo.
Escrito en Abril 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.