viernes, 3 de abril de 2026

La Vid y la Vida.

Todo nace por la vida,
poniendo todo el empeño 
y aunque no se encuentre un dueño,
justa será su medida.


Se intenta sintetizar 
en el momento preciso,
su carácter firme y liso,
que deseas conservar.


Naciendo de la intuición,
en esta vida terrena,
de trasmutar cada pena 
con una buena intención.


Pues, si manda el corazón,
la mente es la que gobierna 
razón que en su juicio, alterna
dentro de un caparazón,
como un arca que se cierra 
y se abre muy lentamente,
cuando, a la vez, se presiente 
cercana a la misma tierra.


Tierra fecunda y sencilla,
cuerpo de vida segura,
que guarda en su sepultura 
el valor de su semilla.


Pues debe de ser sepultada,
por ese conocimiento,
que dará vida al sarmiento 
y a la uva deseada.


Fruto dulce de la vid,
mosto exprimido en la hacienda,
sin que apenas se comprenda,
que se trata de un ardid.


Morir y resucitar,
porque la vida es eterna 
y el mosto, en una cisterna,
esperará madurar.

Ese será su destino,
un tiempo de madurez,
terminando su estrechez,
al convertirse en buen vino.


Así, la vida proyecta 
su intención de conseguir,
otra forma de existir,
porque su ley es perfecta.


Escrito en Abril 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

 Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario