puesto que nada, por cierto,
suena igual, en un concierto
que está a punto de empezar.
Es la magia del sonido,
porque una vez proyectado,
de nuevo será escuchado
cambiando rumbo y sentido.
Rompiendo un silencio inerte,
adquiere una vibración,
que suena en el diapasón
con un carácter más fuerte.
El sonido siempre invita,
al silencio temeroso,
a mostrarse generoso,
mientras éste resucita.
Ambos se hallarán vistiendo
la vida, con su armonía,
las notas son la alegría,
que a su vez, van recogiendo
del eco que se pronuncia,
como una constante viva
y aparece una misiva
que nuevamente se anuncia.
Pues nada al fin se detiene,
sobre el tiempo dedicado
a sentirlo perpetuado
en las notas que contiene.
El silencio ha prometido,
que su pausa es referente,
de ese ritmo diferente,
que da carisma al sonido.
Escrito en Abril 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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