al alba, la pereza de encontrarse
con la soledad inanimada, de ese oculto
recelo, ante una futura sorpresa, no anunciada,
ni ligeramente presentida.
Como un dorado anillo, bruñido por el viento
del sur, el astro rey ocupa en el cielo,
su reinado, sobre un trono de nubes blancas,
que se disipan sobre un marco, tan azul
como el mar que, celosamente copia
todos sus tonos, ribeteados con la sedosa
blancura que tiene la espuma de sus olas,
cuando rompen sus cuerpos,
sobre los arrecifes que custodian una playa
desgranada en diminutas arenas,
con corazón de silicio.
Sin testigos, camina sin pies, rodando
sobre el firmamento; errante, sin pena,
ni juicio pendiente de aprobación.
Sus súbditos giran ante él, temerosos
de su poder y cautelosos, ante el abrazo
cálido, que les muestra un minuto de vida,
que intenta prosperar, buscando una eternidad
deseada.
Escrito en Julio 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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