Los brazos abiertos son el espacio
donde crece el alma, a través de los abrazos.
Se nutre el espíritu en un contacto
de brillante radiación de amor.
Las cuencas de toda existencia se consiguen
llenar de flores y sonrisas. Cada parpadeo
es un signo de admiración
ante una nueva sorpresa.
Sorprender es eso, alterar y subir la vibración
hasta un estado de paz y bienestar, en el que
la música, los aromas y el tacto,
desarrollan la capacidad
de ensanchar el alma, para guardar en ella,
todas las constelaciones de amor,
que brillan en nuestro entorno
o particular Universo.
Escrito en Mayo 2019 por Eduardo Luis Díaz Expósito."zuhaitz".
No hay comentarios:
Publicar un comentario