esperando el momento exacto
para arrepentirnos sin que nadie lo note,
pero estornudamos y nuestros ojos
nos delatan, cuando al entornarlos,
descubrimos ante el gran público,
una mirada de duda o desconfianza.
A veces se producen naufragios emocionales
y nos ahogamos en un vaso de agua.
A todos los peines les falta alguna púa,
porque tratamos de mimetizarnos
con la piel del erizo y nos clavamos
nuestras propias espinas.
Nadie puede protegernos de nosotros mismos,
al considerar sus intenciones,
como una amenaza de agresividad
hacia nuestra intimidad.
La unicidad, a veces se sepulta
en una pesada y bermeja soledad,
que roza el ámbito de los amargos ocres
de la desesperanza y los grises azulados
que se forman en los cristales
de la melancolía.
Escrito en Marzo 2020 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.


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