creer de nuevo, en todo ser humano,
lo que hube retenido con mi mano
y en unas pocas horas, lo deshice.
Aquello me sonó como venganza,
confié en quien no tiene dignidad,
creía que, por su necesidad,
podría merecer mi confianza.
Acaso ignoré, que su destino
lo estuvo moldeando con paciencia,
carente de tesón y de consciencia,
creándose un futuro desatino.
Culpando a toda nuestra sociedad
de todas sus mezquinas decisiones,
oculto entre sus lóbregos rincones,
repletos de inmundicia y suciedad,
llevándose un bagaje de tristeza,
para obtener un poco de piedad,
mintiendo en esa nueva realidad,
la falta de razón, en su cabeza.
Sacando de las gentes, el provecho,
de lo que su tristeza les inspira,
su suerte le abandona y le suspira,
ajena a sus demandas, por derecho.
Uno se va labrando ese futuro,
que espera, si prosigue en esa lucha,
que nace, cuando alguna vez escucha,
que se debe de apostar sobre seguro.
Que todo lo que sin esfuerzo viene,
nunca sirve, porque es gloria pasajera,
rodando va la suerte en una esfera
y marcha, cuando ya no la conviene.
La confianza pierde su valor
cuando usan una argucia lastimera,
que nunca se sostiene en su quimera,
sirviéndose de un gesto de dolor.
Cuando su estatus siempre fue fingido,
para parasitar el mundo con su historia,
no ha de dejar su huella en la memoria
sobre algún corazón que ha sido herido.
Escrito en Julio 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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