desde su beso, el engaño,
sin importarle ese daño,
que ni evita, ni escatima.
Labio, que mintiendo el beso,
al alma hiere en su pena,
lo seduce y envenena,
sin notarlo en su embeleso.
Preso del amor, por preso,
no advierte, por su habilidad,
la traición a la verdad,
ni advierte el claro suceso.
Hasta que se alza el hacha,
que nace del desencanto
y su alegría, en el llanto,
deja su cabeza gacha.
Roto el corazón, no quiere,
por su afán, seguir viviendo,
su amor se va consumiendo
y poco a poco se muere.
Hasta que una ilusión excita
su vencido corazón
y crece en esa emoción,
al punto que resucita.
Escrito en Agosto 2016 por Eduardo Luis Díaz Expósito."Zuhaitz"

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