por si sucede que desde la vigilia,
quedamos vencidos por la acritud
del sueño en retardo.
Nuestros ojos son aves nocturnas
que frenan su vuelo ante la luz
y desde la comodidad del lecho,
observamos lentamente
un aleteo de pestañas, que como golondrinas
bajan desde su nido y ascienden
hacia el disco naranja a saciarse
de luz y calor.
Las pupilas son un estremecimiento,
ante el resplandor
y cierran sus negras ventanas, para evitar
un daño en las habitaciones dormidas
de nuestra mente.
Se puede naufragar entre las sombras
o perderse en la inmensidad de la claridad,
cuando no percibimos un horizonte
en el que fijar nuestra mirada.
Escrito en Septiembre 2019 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
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