jueves, 12 de febrero de 2026

El tiempo no es oro. El tiempo es vida.

En la calmada quietud 
de una hora que es extraviada 
el tiempo no vale nada,
no le debes gratitud.


El momento es recibido,
como algo que pertenece,
a todo lo que acontece 
en un único latido.


Un instante es un segundo,
que va rodando a su orilla 
y por su experiencia, brilla 
en un estado profundo.


Para caer, resbalando 
por la sima del olvido,
sin una voz, ni sonido,
mientras se sigue alejando.


Tan sólo es la sensación 
de eternidad del instante,
un paso va por delante
de nuestra respiración.


Sin duda, en otra ocasión 
que el tiempo nos la conceda,
regresará, aunque no exceda
en nuestra contemplación.


La vida es sólo un instante,
que en el recuerdo se pierde 
y es el tiempo, quien nos muerde,
en una forma insultante.


Cuando ya, no queda nada
que es digno de señalar,
la vida puede acabar,
sin fecha aún señalada.


Así es nuestro triste sino,
porque no hay mayor verdad,
sin ver su caducidad,
se hace visible el destino.

Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



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