como en fotografías, y de repente,
ocupan los espacios vacíos de mi mente
y vuelven a poblarse de citas olvidadas.
De temas peculiares, que un día hicieron mella,
de encuentros que marcaron sobre el camino,
la ruta que he seguido detrás de mi destino,
dejando su indeleble y taciturna huella.
Entonces, se entremezcla con la nostalgia, el gozo
y vuelvo a emocionarme con la experiencia
que siento desbordada por mi impaciencia ,
de ver que se derrama con un sollozo.
No es malo emocionarse, si al recordar,
tu lágrima descubre un nuevo sendero,
pues todo cuando se ama, surge primero
y es como un niño bueno, que se echa a andar.
Vivimos la emoción, tan fiel e intensamente,
porque la vida es más que un lívido recuerdo,
recobro lucidez y ahora no me pierdo,
pues vivo en ese instante perfectamente,
sin apenas un gesto, que duela en la tristeza,
tan sólo la añoranza, que me ha dejado,
una huella perenne desde el pasado,
que vuelve en el presente pieza por pieza.
Escrito en Mayo 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario