cuyo dulzor se agria lentamente
y entre los recovecos de la mente,
se torna en un licor avinagrado.
El alma se ha nublado, en la obsesión,
ante la fijación de conseguir
la forma más ingrata, para herir,
buscando en el dolor, compensación.
Como beber el agua, que del mar
tomamos, y en la orilla de tu boca,
tu cuerpo la rechaza, se equivoca,
la sed no se consigue así saciar.
Del mismo modo actúa la venganza,
las uvas de la ira, son amargas
y es mucho lo que pierdes, si lo embargas,
se apaga toda luz en la esperanza
de recobrar el pulso en tu latido,
sabemos del dolor, del que ha sufrido,
pero añadir dolor, no es buena cura,
sabiendo que, ya nadie te asegura
el bienestar que sientes que has perdido.
Nadie por su venganza, sale invicto
y agrava el equilibrio de la gente,
que sufre, aun sabiéndose inocente
y se vea involucrada en un conflicto.
Escrito en Marzo 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario