para ver la admiración,
de un rincón a otro rincón,
como una digna heredad.
Tiene la impecable hechura,
para ver que, su belleza
se expande y nunca tropieza,
pues no hiere su hermosura.
Tiene una voz siempre amable
y su cuerpo es la armonía
de una dulce sinfonía.
¡Escuchadla, cuando os hable!
Una exquisita virtud,
una gracia y un donaire,
que va perfumando el aire,
con su tierna juventud.
Es la nota suspendida,
que todo compositor,
quiere sentir con ardor,
pues la música es su vida.
La fuente de inspiración
que no se encuentra en los cielos
y se desata en los celos,
si es fruto de una obsesión.
Candor con la ligereza
que se acuña en el deseo,
la divinidad que veo
brillar sobre su cabeza.
Es ese laurel dorado
que esperamos conseguir,
el motivo de vivir,
por el amor que has soñado.
Escrito en Marzo 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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