lunes, 2 de marzo de 2026

Sólo existe aquello que nombramos.

Yo vivo en tus palabras y tú en las mías.
Palabras que se pierden, impías, sin nombrar,
pues carecen de fuerza y voluntad.


¡Háblame, nómbrame! Me sentiré reconocido 
en la voz de tus pensamientos.
¡Da forma a toda existencia, haciéndola parte
de tu propia existencia!


Vivo en ti y tú en mi.
Ya no sólo son recuerdos, sino realidades 
palpables y tangibles, con una solidez que,
abarca toda comprensión imaginable.


La realidad se manifiesta en la propia existencia, 
cuando nos reconocemos 
en los demás y los demás se reconocen 
en nosotros mismos.


Existen órbitas en aros concéntricos que,
sin rozarse apenas, trasladan su magnetismo 
en distintas esferas de la realidad.
Hay un misterio sin resolver, que va uniendo 
todas las piezas de ese mágico rompecabezas, 
llamado vida.


Somos, porque tenemos una voz 
que nos define y nos nombra.
Existimos al escuchar esas voces 
que nos conforman  y definen, 
al ser proyectados desde la bóveda 
de otras bocas que emiten nuestros sonidos,
como si fueran suyos.


¡Háblame! ¡Nómbrame!
Soy todo aquello que se alberga 
en tus pensamientos y me das la vida 
con tu voz.
En el silencio mueren las palabras que no son
pronunciadas.
Y en el olvido se marchitan todas las flores,
que recogimos, sin apenas disfrutarlas.

Escrito en Marzo 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




No hay comentarios:

Publicar un comentario