Palabras que se pierden, impías, sin nombrar,
pues carecen de fuerza y voluntad.
¡Háblame, nómbrame! Me sentiré reconocido
en la voz de tus pensamientos.
¡Da forma a toda existencia, haciéndola parte
de tu propia existencia!
Vivo en ti y tú en mi.
Ya no sólo son recuerdos, sino realidades
palpables y tangibles, con una solidez que,
abarca toda comprensión imaginable.
La realidad se manifiesta en la propia existencia,
cuando nos reconocemos
en los demás y los demás se reconocen
en nosotros mismos.
Existen órbitas en aros concéntricos que,
sin rozarse apenas, trasladan su magnetismo
en distintas esferas de la realidad.
Hay un misterio sin resolver, que va uniendo
todas las piezas de ese mágico rompecabezas,
llamado vida.
Somos, porque tenemos una voz
que nos define y nos nombra.
Existimos al escuchar esas voces
que nos conforman y definen,
al ser proyectados desde la bóveda
de otras bocas que emiten nuestros sonidos,
como si fueran suyos.
¡Háblame! ¡Nómbrame!
Soy todo aquello que se alberga
en tus pensamientos y me das la vida
con tu voz.
En el silencio mueren las palabras que no son
pronunciadas.
Y en el olvido se marchitan todas las flores,
que recogimos, sin apenas disfrutarlas.
Escrito en Marzo 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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