Sobre el azul del cielo, se extienden las alas
de las aves y aún se percibe algo similar
al azúcar glass, sobre las cumbres
de las montañas más altas.
Un anciano tararea una triste canción de amor
y sus ojos se llenan de lágrimas.
Ningún día se repite con la misma intensidad,
ni las flores muestran siempre sus delicados
colores, en sus pétalos abiertos.
Tenemos la suerte de seguir vivos, a pesar
de alguna angustia pasajera y celebramos
la vida, antes de llegar al crepúsculo
de nuestra existencia.
Escrito en Septiembre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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