lunes, 29 de diciembre de 2025

La luz, fuente de vida.

Acaso, la luz herida 
por la inerte oscuridad,
se proteja, en realidad 
por un estertor de vida.


Temerosa en su virtud,
para no ser descubierta,
mejor débil, nunca muerta,
titilando en su inquietud,
como llama que agoniza,
pero resiste en la lucha,
en su voz, la luz escucha 
la angustia que se eterniza
en toda su creación 
y una fuerza poderosa,
da la forma más honrosa,
negando su destrucción.


Pues toda la oscuridad 
se manifiesta en la sombra,
se alarga, como una alfombra,
pretendiendo su heredad.


La luz, en su proyección,
disipa sombras y dudas,
entre decisiones mudas,
ante cualquier situación.


Llama que nace creciendo,
sobre la sombra siniestra 
y con voluntad, se muestra 
mientras está amaneciendo.


Luz del alba primigenia,
albor de las claridades,
que ilumina las ciudades,
extendiendo su progenia,
dichosa de concebir 
una forma de existir,
como la única verdad,
que todo lo clarifica,
porque la luz, dignifica 
una nueva realidad.


Luz que brota en la inocencia 
al saberse concebida,
luz que ilumina la vida,
con su vital transparencia.

Escrito en Diciembre 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




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