en su corazón sombrío,
tan caliente como frío,
para atemperarse luego.
Su mirada en lejanía,
parecía estar perdida,
se le escapaba la vida
y apenas se defendía.
Tenía una gran tristeza
dentro de su corazón,
desconozco la razón,
pero perdió la cabeza.
Vivía en un mundo extraño
de sombras y de recuerdos,
entre los locos y cuerdos
que le hicieron tanto daño.
En silencio deambulaba,
con un gesto cabizbajo,
iba de casa al trabajo
y casi nunca te hablaba.
Era de una frialdad
que rozaba lo inaudito,
él se sentía maldito,
mas, nunca tuvo maldad.
Fue una sombra deslizante
entre gentes sin piedad,
esa fue su realidad
y se mantuvo distante.
No buscó la compañía
de amigos, ni de mujeres,
se entretuvo en sus quehaceres,
a los cuales se ceñía.
Nunca le echaron de menos,
porque en la sombra vivió,
pero un día se murió
con los pulmones bien llenos.
El aire que respiraba,
fue su trágica sentencia
y terminó su existencia,
cuando nadie lo esperaba.
Se reunió con los muertos,
que se creían muy vivos
y le sobraron motivos,
sabiendo que eran muy ciertos.
En un mundo sin piedad,
quiso vivir apartado,
mas, la huella que ha dejado,
fue su única verdad.
Poco hablaba, y al momento
su verbo fue tan sincero,
que sin dudar, lo prefiero,
recojo su sentimiento.
Su destino fue la meta
de hallar una explicación,
de un mundo en la sinrazón,
que le dio muerte a un poeta.
Escrito en Diciembre 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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