martes, 14 de julio de 2026

El deseo empecinado.

Formamos el deseo de lo ambiguo,
cuando no está del todo definido,
es como el imaginar algún sonido,
que brota en la memoria, como antiguo.


Brota en nosotros, la incomodidad,
sintiendo en realidad, que algo nos falta,
su sombra amenazante, nos asalta,
creando una fatal necesidad.


Pues la necesidad es grande, e imperiosa,
distrae la concepción del pensamiento,
con un dictado y con ensañamiento
que no podemos ya pensar en otra cosa.


Mantiene  una férrea fijación,
que llega a convertirse en obsesión 
y alcanza en la razón, esa premisa
que obtiene, al mantenernos en la prisa,
que arranca la quietud, en la existencia,
perdiendo toda la calma y la paciencia,
fijando en el pensamiento una gran meta,
que ronda en  una idea, siempre inquieta,
dejando su inquietud en la razón.


Ponemos en el logro, el corazón,
soñamos alcanzar, para vivir 
el modo que permita conseguir,
aquello que fascina y que sentimos.
Tan sólo por su causa, malvivimos,
porque hay  malos deseos que nos sobran.


Deseos que no crean, ni construyen,
que por su inconsistencia, se destruyen
y por nuestros errores , siempre cobran
un precio desmedido y elevado,
que pronto deberá  ser rechazado,
con la firmeza, y tal honestidad,
que puedas observar, en realidad,
que debes  de dejarlo silenciado.


Pensar en desear, es pretender,
aquello que no alcanzas con tu mano
y  aun siendo en apariencia muy cercano,
es sólo un nuevo error, por cometer.


Errores que no  pueden prosperar,
no es fácil, y no debes desear,
aquello que se halle en un contexto,
que puedas imaginar, como pretexto,
de lo que aún deseas alcanzar.


Acaso en tu obsesión, siempre pretendes,
que debes mantenerte en desear
y aquello que te crea un malestar,
te tiene  empecinado y no lo entiendes.

Escrito en Julio 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.




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