de nuestras metas, ver con otros ojos
lo que ahora queda bajo nuestros pies.
¡Tan pequeño! ¡Tan insignificante!.
Una visión periférica de un agujero,
en el cual estamos metidos y vivimos
inmersos entre la gloria y la inmundicia.
Las montañas como hembras terrenales,
arañan con la punta de sus senos los cielos
y se rodean de una capa de armiño,
que las nubes prestan, ante la duda que crece
entre el ámbito y la escasa credibilidad
de toda manifestación maravillosa.
Percibo que no es idéntica la ascensión
al descenso en nuestro esfuerzo
e intuyo que es más fácil retornar
a nuestros orígenes, que tentar a los dioses
con la búsqueda de nuestra suerte.
Escrito en Julio 2019 por Eduardo Luis Díaz Expósito."zuhaitz"


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