La sal de la tierra, la acidez del pan
sin levadura y el óleo para ungirnos
en un gesto puro, conforman la abducción
en el sagrado oficio.
Santificamos el día con una acción de gracias,
por los dones recibidos y bendecimos
todas las puertas de nuestro hogar,
logrando una conexión perfecta,
en comunión con Dios.
Cuando bendecimos el alimento
y a quienes amamos, calificamos de sagrado
este acto que llena nuestras vidas.
Se alcanza la santidad con cada acto
y efecto, al dejar con nuestras obras
un rastro de bondad a lo largo
de nuestra existencia.
Se muestra en la constancia, nuestra intención
y recogidos en la meditación
e interpretación de cada signo,
decidimos tomar un camino de luz
y de verdad, en cada sendero recorrido.
Escrito en Julio 2019 por Eduardo Luis Díaz Expósito."zuhaitz"
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