si invadida de una incontrolada preocupación,
resta el espacio necesario para el descanso,
en un reparador sueño.
Los ojos son aves en vuelo, sobre un mar
de leves espumas o ese bullicio efervescente
que tienen las palabras ingrávidas,
antes de cerrar los párpados y abandonarse
en los etéreos brazos de un dios,
que vela para que los sueños sean
como flores brotando de lo más íntimo
de nuestro ser.
Así prepara nuestros cuerpos a la lasitud
del cansancio y encontramos la paz
en el lecho donde acunamos
nuestros propósitos y se forjan los amores
que deseamos que perduren, si a la renuncia
no le queda espacio, ni lugar.
Cuando despertemos de nuevo,
con la ilusión renovada y el descanso flotando
sobre nuestros párpados abiertos,
hallaremos paz sobre un mar de tranquilidad.
Escrito en Julio 2019 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario