miércoles, 18 de febrero de 2026

Desde el ático de nuestra insolencia.

Las torres, las derribadas torres de la insolencia.
Contempladas desde el ático de nuestros
perjuicios, van cayendo.
Desmayadas madejas de un absurdo, 
que imploran ser aceptadas, aún no siendo 
remotamente comprendidas.


Críticas elaboradas con agujas de hueso,
que penetran en las carnes, cuando los dedales ruedan, 
perdiéndose por los rincones.


Habito en la casa de la soledad primera 
y en mi cuarto hay una luz incidente, que brota 
de mis pensamientos más puros e inteligentes.
Todos los jueves yacen temerosos, en espera 
de un viernes, que promete un próximo 
fin de semana.


Acaso es el final de alguna cosa, 
lo que provoca el temor a un repentino vacío,
o esa intuición poderosa que nos refleja 
y delata una angustia del tamaño de todas 
nuestras limitaciones.


La muerte es una paz que no deseamos,
porque sentirse vivo, es esa incomodidad 
de permanecer despierto, en la inconsciencia 
de no saber, si somos porque sentimos, 
o sentimos porque somos y nos reconocemos 
en todos los espejos que vamos quebrando,
desde los errores, o las múltiples distorsiones 
que van apareciendo en nuestra imagen 
menos agraciada.


Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.



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