Contempladas desde el ático de nuestros
perjuicios, van cayendo.
Desmayadas madejas de un absurdo,
que imploran ser aceptadas, aún no siendo
remotamente comprendidas.
Críticas elaboradas con agujas de hueso,
que penetran en las carnes, cuando los dedales ruedan,
perdiéndose por los rincones.
Habito en la casa de la soledad primera
y en mi cuarto hay una luz incidente, que brota
de mis pensamientos más puros e inteligentes.
Todos los jueves yacen temerosos, en espera
de un viernes, que promete un próximo
fin de semana.
Acaso es el final de alguna cosa,
lo que provoca el temor a un repentino vacío,
o esa intuición poderosa que nos refleja
y delata una angustia del tamaño de todas
nuestras limitaciones.
La muerte es una paz que no deseamos,
porque sentirse vivo, es esa incomodidad
de permanecer despierto, en la inconsciencia
de no saber, si somos porque sentimos,
o sentimos porque somos y nos reconocemos
en todos los espejos que vamos quebrando,
desde los errores, o las múltiples distorsiones
que van apareciendo en nuestra imagen
menos agraciada.
Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario