domingo, 15 de febrero de 2026

¡Éramos tan jóvenes!

Con una zapatilla desatada,
corrimos en senderos de inconsciencia,
la juventud, fruto de la impaciencia,
apenas de su sueño es despertada.


Tuvimos ese tiempo inmaterial,
que fuimos disfrutando, a duras penas,
tuvimos juventud ¡A manos llenas!
y un punto en la distancia cardinal.


El norte se nos fue, desmenuzando,
bajamos hacia el sur, hacia un abismo
y así, al encontrarse en uno mismo,
nos fuimos lentamente desgranando.


Los días fueron aves pasajeras,
que fueron poco a poco descendiendo 
y en nuestra rebeldía consumiendo 
las noches de jolgorio y borracheras.


La sensatez llegó con la cordura,
trazando nueva meta hacia un respeto,
que apaciguó un espíritu que, inquieto,
pausó en aquellos gramos de locura.


Tan jóvenes y locos de deseo,
nos fuimos abocando en la pericia,
que acaba en la inocencia, sin malicia,
como ese tiempo muerto, en el recreo.


Y así, se fue llegando a madurar,
porque la madurez es algo innato,
que llega hacia el final de este relato 
que acabo ahora mismo de narrar.


¡Tan jóvenes! Y acaso por crecer,
nos fuimos levantando del pupitre,
con un sabor a mar, por el salitre,
que en nuestra piel, creímos merecer.


Toda esa juventud, se fue acostando,
sobre un lecho de amor, en los amores,
que luego mitigaron los ardores,
mientras la juventud, se fue agotando.


Ahora en la quietud, rememoramos 
un tiempo que nos fue un regalo breve
y tras el ventanal, siento que llueve 
sobre nuestra memoria y…recordamos.

Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.


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