de un árbol, que yace seco,
padeciendo la migraña
del tiempo, sobre su entraña.
Árbol que nos dio la vida,
con un óxigeno sano,
que no fue un esfuerzo en vano,
pues, en su justa medida,
el aire purificado
es lo que hemos respirado.
Una decisión muy mala,
ha concluido en la tala
de este ser tan poderoso,
que sobre un bosque frondoso,
reinó ajeno a la suerte
de acabar su buena racha,
bajo el filo, de ese hacha,
que sus bondades desdeña,
para convertirlo en leña,
en el fuego del hogar,
en vez, de ver y admirar
la labor, tan abnegada,
bajo la atenta mirada,
de quien tiene la nobleza
de amar la Naturaleza
y se dedica a plantar
un árbol, y lo respeta,
porque no habrá mejor meta,
ni se podrá superar.
Escrito en Octubre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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