veo quién fui y no soy ahora,
el tiempo no se demora
y te sigue a donde vas.
Fui el niño que, en la tristeza,
forjó su único ideal,
cuando le iba mal,
con su dolor de cabeza.
Las burlas escarnecidas,
dada su debilidad,
las sufrió y en realidad,
nunca fueron merecidas.
He deseado la muerte
de aquellos que se han burlado,
pero al final, me he quedado
estupefacto, e inerte.
Observé que, la venganza,
nunca será mi destino
y he recorrido el camino,
rompiendo mi última lanza.
Desde entonces, cada día,
descubrí, que con humor,
puedo ser un gran señor,
con una gran ironía.
Y dada la inteligencia
que luego desarrollé,
lo disfruto, y observé,
que hurgé sobre la conciencia
de quienes tanto reían,
porque jamás entendieron,
que en este juego, perdieron,
por lo poco que sabían.
Su ignorancia les vencían,
ante su vulgaridad,
sin saber, en realidad,
porqué motivo reían.
Al fin puedo vincular,
el humor, con el escarnio,
mis huesos, son de titanio,
no se pueden oxidar.
Escrito en Octubre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
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