jueves, 1 de octubre de 2026

Algo mueve la conciencia,
cuando nos equivocamos,
pues así no disfrutamos 
de la vida y de su esencia.


El error, aunque es humano,
lo queremos deshacer,
es duro reconocer
que algo se escapa en la mano.


Queremos tener dominio 
de lo propio y de lo ajeno,
buscamos sólo lo bueno,
sin control, ni raciocinio.


Y aunque un error no te mate,
en la jerga popular:
¡Te van a despellejar !
¡Eres tonto de remate!.


Quien lo dijo, no está exento 
de críticas destructivas,
pues, las palabras nocivas,
son de la envidia sustento.


El error, nos condiciona 
a emitir un justo juicio 
y se origina un perjuicio 
que incide en cualquier persona.







La vida se sostiene en un hilo.

La vida está suspendida 
de un delgado y fino hilo,
el riesgo marca el estilo
de su tiempo y su medida.


Se disfruta o se soporta
ante las desavenencias,
con todas las imprudencias,
pues, ese hilo se corta.


Y aunque nos sepa muy mal,
debemos de aprovechar,
si al final, nos va a encontrar 
nuestro destino final.


Antes de soltar amarras,
vivamos la intensidad 
de una vida de verdad,
que aun, sin códigos de barras,
sin ver la caducidad,
tiene en la melancolía,
el paso de cada día.


Y cada paso que damos,
nuestro tiempo lo entregamos,
porque el hecho de vivir,
es intentar no morir,
ir gastando la existencia 
sin temor y sin prudencia,
hasta llegar al ocaso 
de una vida pasajera,
en ese compás de espera,
entre el éxito o fracaso.


Pues, la vida hay que vivirla 
y sentir intensamente,
que brota nuestra simiente,
para después…consumirla.

Escrito en Octubre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.