que se enquista en la consciencia,
minando nuestra paciencia,
cuando no resuelve nada,
la que nos pesa y nos duele,
porque una interrogación,
nos limita toda acción
y logra que se congele.
Es la duda que, eterniza
el tiempo que manejamos,
porque no lo controlamos
y en el lapsus, se desliza,
con la probabilidad
de marcar la diferencia,
al generar una ausencia
dentro de su realidad.
Sentimos que, no es verdad,
si la verdad se desnuda,
pues nada es cierto en la duda,
si no vemos claridad.
La claridad se disuelve
en un espacio vacío
y produce un desvarío
que una duda no resuelve.
Buscamos esa obviedad,
de sentir que, de antemano
lo que alcance nuestra mano,
es la meta en la verdad.
La duda es la angustia plena,
que impide reconocer,
un futuro, porque ayer,
nos embargaba en la pena.
Es la sentencia de un día,
que marchitando una flor,
se va perdiendo el color
y también su lozanía.
Un letargo triste y yerto,
dando un último estertor,
con un agudo dolor,
en un tiempo que está muerto.
La duda llama a tu puerta,
cambiando la realidad,
porque hallaste una verdad,
como única respuesta.
Escrito en Octubre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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