despierta con temblores,
sus grandes estertores
nos dicen que está herida.
Herida en los horrores
de nuestra humanidad,
que niega una verdad,
callando sus temores.
En la Naturaleza,
quemamos toda vida,
sin juicio, ni medida,
siendo una gran torpeza.
La Tierra, no lo entiende
y sufre en la agonía
que siente cada día,
por ello, se defiende.
Al sentirse agredida,
por su convencimiento
el estremecimiento
es una sacudida
en toda su corteza,
teniendo la certeza
y así nuestra ciudades,
sufren atrocidades,
por su mortal mordida.
Abriendo sus entrañas
con fuego vengador,
aumentará el calor
con cifras muy extrañas.
Es algo sistemático,
por la angustia divina
y pronto se adivina
este cambio climático.
Es un planeta vivo
que no se siente amado
y ahora que ha despertado,
nos puede ser nocivo.
Si nunca respetamos
el mundo en que vivimos
y jamás lo asumimos,
ahora nos enfrentamos
a nuestra destrucción
y el alma se estremece,
pues siente que perece
por desesperación.
Veamos la lección
que da nuestro planeta,
que nuestra mente inquieta
tenga una solución.
Escrito en Agosto 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

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