intenta no naufragar,
si algo queda por probar,
que no sea un trago amargo.
Mucho puedes navegar
y aunque parezca mentira,
nada se encoge o se estira
y en algo habrá que pensar.
Fluimos, igual que un río
que desemboca en la mar,
cuando se trata de amar,
son tu corazón y el mío.
Dos almas que, solitarias,
sobre un mismo cauce, encuentran
la vertiente en que se adentran,
sintiéndose solidarias.
Porque fluir es la forma
de encontrar esa respuesta,
frente a una nueva propuesta,
que se establece por norma.
Fluyendo pasa la vida,
siempre se puede encontrar
un motivo para amar,
en una senda perdida.
Somos ese resultado
de una presunta presencia
que, sobre el mundo, en conciencia,
deja el cielo iluminado.
Una fe que se ha servido
sólo, de la voluntad
de imaginar la verdad
sobre un corazón herido.
Somos la huella que queda,
en el borde de un camino,
nadie conoce el destino,
ni creo que nadie pueda.
Sobre un perfilado enredo,
vas dibujando esa forma,
que se establece por norma
y vamos perdiendo el miedo.
Todo cuanto se abastece,
desde una vana ilusión,
merece nuestra atención,
mientras nuestra duda crece.
Y así vamos resolviendo
nuestras vidas seculares,
levantando los pulgares
y el tiempo… se va perdiendo.
Escrito en Septiembre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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