a la transparencia de las palabras,
cuando no soy escuchado, ni comprendido.
El silencio es reparador y el murmullo
ensordecedor.
Recogido en mis pensamientos, guardo
un espacio prudente entre mi verbo
y la gente.
Entre la plática diáfana y la crítica inquisitoria,
advierto de cerca, la negación de la persona ,
que me juzga por un único error y se olvida
de los suyos.
Prefiero la soledad meditativa, a la condena
descriptiva.
Hay un espacio que no debe ser franqueado,
es la distancia entre el respeto
y la yuxtaposición de una idea, que pretenda
imponerse sobre otra idea.
Puedo abrirme al diálogo, sin romper
la imagen de tu espejo, si contemplas
el reflejo de tu propia imagen.
La luz hiere, cuando su intensidad,
trata de borrar la sombra que proyecta
sobre todas las acciones humanas.
Un error no condiciona la oscuridad
de una sombra, sino el exceso de luz
que se intenta proyectar sobre una persona,
enjuiciándola, cuando pensamos que,
la razón sólo nos asiste a nosotros mismos,
negando su proyección sobre los demás.
Escrito en Julio 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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