Si acaricias el silencio sin romperlo.
Agregas una armonía, entre sus espacios
vacíos, llenándolos de mágicos arpegios.
Todo calla y se recoge en el sínodo
de un gesto de melancolía, para que,
los castos oídos,puedan sentir acaso,
el murmullo de las olas del mar, o el suspiro
del viento, agregando nuevas notas
a la melodía que tu voz emite.
Tan sólo el eco, perfecto adulador,
repite cada sonido que, desde tu garganta
proyectas y saboreas en tu paladar.
Tu tierna boca, es una ambarina ambrosía
que, al paciente espectador, regala
el más dulce sonido, jamás escuchado.
¿Cómo no amar tu voz? Si en mis sueños
más febriles, calma el desasosiego
de tu ausencia, durante la profundidad
de una noche de incertidumbre.
Escrito en Agosto 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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