roja sangre, como el fuego,
para alimentarse, luego
desde arterias como ramas.
Van trepando, así lo pienso,
sobre un cuerpo desvalido,
que de sangre se ha nutrido,
antes de verse indefenso.
Sangre que aporta a la vida,
oxígeno y agua pura,
en una ascensión segura,
dejando abierta una herida.
Hay un extraño picor,
cuando la sangre, en caliente
deja una sombra incipiente,
sobre un caudal de pavor.
Caudal que, para desgracia,
se siente tan desbordado,
que el terror se ha declarado
en ingrávida hemorragia.
Sangre de pasión, que fluye,
deteniendo en la emoción,
el pulso del corazón,
a la vez que distribuye
algún latido, en las penas
y alegrías divergentes,
en espacios diferentes,
de toda la orografía,
que se recorre en un día,
sobre enmarañadas venas.
Sangre, llama, pulsación
que, en la vida siempre alerta,
da su aventura por cierta,
al prestar toda atención.
Sangre de roja existencia,
que se quiebra sobre el talle,
un disparo en media calle,
sin medida, ni consciencia,
Púrpura será su giro
cuando se ve terminar
con su pleno palpitar,
dejando un breve suspiro.
Escrito en Septiembre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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