con una clarividencia de ángulos,
que conforman la arquitectura de tus virtudes.
Sencilla, pequeña flor en la humildad,
con una grandeza que alcanza la cima
de todos los sueños, en esa brevedad
entre la luz y la sombra.
El alma te nombra y se siente
un crujido interno, como leña que arde
en el fuego del hogar, e impregna
cada rincón, en los que se te reconoce
y se te ama.
Tu presencia sin aristas, en la redondez pura,
que no conoce vértices, ni esquirlas,
como un vientre infinito, que se extiende
en un mar de anhelos.
Te miro absorto, sin palabras, ni preguntas.
Bebiendo cada sutil forma de tu imagen
e intentando ver el fondo de tu alma.
Alma que brota del manantial de los besos
ignorados por desconocimiento, y sin embargo
es agua purísima, que calma la sed de amor,
sin perturbar el silencio que te envuelve.
Escrito en Agosto 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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