Tristeza única que, emula un mar donde
ahogar las penas.
Los ojos derramados en miradas.
Ventanas abiertas, tratando de beber
la belleza, o ese infinito que se muestra lejano
a las manos que añoran alcanzarlo.
Un soliloquio en la expectante imaginación,
que al deseo imprime una perentoria necesidad.
Los ojos derramados.
Ojivas de luz trasnochadas, en diminutos
guiños, alcanzando la cima del firmamento.
Los ojos derramados, perdidos en la inmensidad de los recuerdos tardíos,
que a la memoria acuden con un vértigo
de olas, en el espacio inerte
de una ensoñación.
Los ojos derramados.
Pestañas que cierran los pestillos
a una opaca realidad, para dar paso
a la transparencia de los sueños.
Escrito en Agosto 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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