a nuestra pregunta, convertida en ruego,
bendecida lluvia, admirada, y luego
agua que dispara, desde su ballesta,
que, desde las nubes, como una saeta,
penetra en la tierra, yerma y desolada,
dulcemente se abre, al ser consolada
en su sed amarga, mostrándose inquieta.
La lluvia nos calma esa sed severa,
que el fuego del sol, seca hasta el aliento
y en una plegaria, como último intento
desciende empapando nuestra larga espera.
Tal vez, se protesta al ser tan copiosa,
pero eso es pensar, con muy poca cabeza,
pues es piadosa la naturaleza,
aunque a veces pueda resultar odiosa.
El agua que fluye liviana, en la fuente
es tan necesaria, como bondadosa,
las iras del agua, muestran otra cosa,
si desborda el río, desde su torrente.
La naturaleza en compensación,
suelta todo el agua, no tiene conciencia,
debemos saber, por nuestra experiencia,
que todo equilibrio tiene su razón,
Cuando en un incendio, el bosque se quema,
la vida resurge, como una respuesta,
difícil será remontar la cuesta,
defender la vida, sin duda es el lema.
Por ello se muestra con prisa y premura,
esa solución, que a veces nos hiere.
la naturaleza, nuestro mal, no quiere,
todo es consecuencia de nuestra locura.
Queremos cambiar de estrofa, ese verso,
sin caer en cuenta en la consecuencia,
la ley de la vida, establece su ciencia,
preservando un orden en el universo.
Escrito en Agosto 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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