sábado, 21 de febrero de 2026

El alma de las cosas.

Todo tiene una función 
en este mundo que habito 
y así, cuanto necesito,
me aporta una explicación.


Porque la interpretación 
de aquello que se ha estudiado,
deja las dudas a un lado,
llegando a su comprensión.


Se va meditando en calma
y encontramos vibraciones,
en cada cosa que pones
un nombre y sientes su alma.


El alma es la vibración 
de todo, bajo el influjo 
que en su día se produjo 
en torno a su creación.


Hasta lo más puro o inerte,
lleva una nota escondida,
como un impulso de vida,
que está burlando a la muerte.


El alma se manifiesta,
cuando la sientes vibrando,
su pulso nos va indicando,
que hay una nueva propuesta.


Nada está hueco o vacío,
todo tiene un continente
que, de forma inteligente,
nos muestra su desafío.


El cual, evita la acción 
de un continuo movimiento,
porque en su conocimiento 
se encierra una reacción,
que nos dice, que la vida,
al estar paralizada,
queda latente en la nada,
como una verdad dormida,
que brotará, al comprender 
que nada se acaba o muere,
tal vez, porque no se quiere,
remotamente ofender.


El principio del misterio,
que no ha sido desvelado,
lleva en su alma, grabado 
el signo de su ecuación,
que surge de la intuición,
llevando su magisterio,
hasta aquello, que revela 
su alma y aparta el velo,
para remontar su vuelo,
dejando una clara estela.


Vida latente, o dormida,
que despierta, al descubrir 
que el secreto de vivir,
se halla en tu propia vida.


Alma que, de la materia,
se transforma en energía
y aparece una luz fría,
dejando atrás su miseria.

Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.

© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”






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