nada puede al fin, detener su paso,
grande fue el error y también el fracaso,
cuando se desploma de su arquitectura.
Abierto se queda en lágrima viva,
en llanto, o la lluvia que apaga el furor,
donde su temible y frío resplandor,
es una advertencia en muerte selectiva.
Se está abriendo el cielo y todos tememos
la suerte del fuego, que de él se derrama,
viscosa y temible por cruel, su llama,
el pánico cunde y nos escondemos.
Todo se propaga por una explosión,
que por la inconsciencia, lentamente mata
y es por la codicia, que nos arrebata,
generando caos, muerte y confusión.
Mientras nuestra angustia, lentamente crece,
la tierra se cubre de fuego y ceniza,
así contemplamos, viendo que agoniza,
nuestra humanidad, mientras se perece.
En la mano ruda de la voluntad,
se abrió la miseria, dejándolo todo,
cubierto de polvo, cenizas y lodo,
marchitando ahora nuestra realidad.
Átomos al fin, que en su rebeldía,
explotan y cambian el rumbo y la suerte,
sembrando cosechas de hambre y de muerte,
cubriendo de sombras el fulgor del día.
No queda esperanza, ya se hizo muy tarde,
el error es grave por su dimensión,
quedamos absortos en una oración
y nuestro destino se consume y arde.
Escrito en Febrero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario