como perseguido por un mal augurio.
Llevaba en su rostro una tristeza
de gris plomizo y el arco de sus cejas,
tenía un trazo débil, que culminaba bajo
las numerosas arrugas de su frente.
Nunca supimos a ciencia cierta su edad,
parecía deambular entre todas las edades
y ninguna.
Calladamente, otorgaba el don de la duda
y aun siendo de pocas palabras,
nunca te negaba una breve conversación.
Se diría, que era ajeno al mundanal ruido
y en su silencio, a veces brotaban lágrimas
de melancolía.
Era triste, con esa dulce tristeza que lleva
sabores de añoranzas.
Vagaba como un espectro por las calles vacías
y un día desapareció, con los primeros rayos
de la aurora.
Tal vez, la única compañía que amaba,
era su profunda soledad.
Se fue sin despedirse, en busca de un nuevo sol,
que consiga apaciguar las tormentas,
que se presentían, cuando entre sus silencios,
se escapaba un suspiro helado y sus párpados
caían por el peso de sus meditaciones.
Escrito en Octubre 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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