e impávido nos muestra la lectura
de toda su gran envergadura,
tal vez, mañana sea sólo leña.
Si acaso en su bondad, mi Dios quisiera,
recorrería el bosque, y en su auxilio,
lo llevaría pronto, hacia un exilio,
para guardar su cuerpo de madera.
Al árbol de gentiles cualidades,
se ignora y se sepulta en el cemento
y su dolor, se siente en el momento,
por ello no está bien en las ciudades.
Su verde corazón, entre maleza,
resiste y sin hablar, pide una mano,
que pueda convencer al ser humano,
que debe respetar toda belleza.
Que abrace toda la naturaleza,
pues todo lo que existe, se supone
que tiene una verdad y mil razones,
para expresar su cálida grandeza.
Volvamos al origen primitivo,
que tiene toda suerte en la existencia,
su fruto se desprende en la experiencia,
si todo ser humano es permisivo.
Y basa su razón en el respeto,
que todo ser viviente, se merece,
un árbol protegido, siempre crece
y guarda entre sus ramas, su secreto.
Escrito en Septiembre 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario