la tenue luz que, al brillo suculento,
nutre al reflejo, parco en alimento
y el pulso de su vida, pronto se deshace.
Pulso que eleva, de una forma vaga,
el vano propósito de su recurrencia,
así lo declara por su gaya ciencia
y en disertaciones, su razón divaga.
Nada es perdurable y su paso lento
se pierde en su sombra, su luz agoniza,
tan sólo el recuerdo, si acaso eterniza,
ese breve instante de un loco momento.
Razón de su espacio, raíz de un invento,
que nace en el seno de toda certeza,
el tiempo no entiende de calma o pereza,
mas, se resiste en un último intento.
La luz en la aurora llega y aparece,
irradia belleza, al punto que toca
besando lo inerte con su dulce boca,
porque en el ocaso, ya desaparece.
Escrito en Abril 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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