Ante la mudez, provocada por la discreción
o el temor a ser escuchado y declarado
culpable de un pensamiento, en desacuerdo
con la armonía aceptada como normal.
Tú, que en tu afán de descubrimiento, visitaste
las islas olvidadas de la razón, en la soledad
de tus reflexiones introspectivas.
Tú, que dislocabas el estatus rígido en la rótula
de toda filosofía.
Caminaste solo, apartado de la verborrea
de un común sin sentido, tratando de llevarte
la esencia de la sabiduría ancestral,
tantas veces repudiada.
Mirabas a través del ojo de una aguja,
una punción de horas, que bailaban dentro
de la esfera de un reloj y cada segundo
proyectaba una sombra indeleble,
sobre las arenas del tiempo.
Y ahí estás, impertérrito y estático,
contemplando ese fluir de las aguas,
que en los sentimientos dejan, ese poso
de tristeza, incomprensiblemente turbia,
negándote el derecho a ser escuchado,
porque en los oídos de tus interlocutores,
aún habitan las caracolas marinas.
Escrito en Abril 2025 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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