desde una elevada altura,
a través de la fisura
de una muerte dolorosa.
Agua en vida más honrosa,
agua ligera y temprana,
que brota cada mañana,
sin esperar otra cosa,
que un arrebato sincero,
mostrando su potestad,
creciendo en su majestad
entre los hielos de Enero.
Agua de vida o de muerte,
en su plena agitación,
variante en cada estación
para decidir su suerte.
Por su movimiento, crea
las olas que, al acercarse,
su fuerza va a coronarse,
en la creciente marea.
Agua de frágil espejo,
hielo que surge aterido,
en ese espacio perdido,
de un tiempo triste y añejo.
Dormido en la podredumbre,
con su hedor, en pinceladas
de las aguas estancadas,
presas de una servidumbre
en su inercia, detenida,
por esa letalidad,
de olvidar que, su verdad,
tuvo un eco en esta vida.
Vida en estado latente,
de un sueño, que no despierta
y aunque pareciera muerta,
antes brotaba en la fuente.
El sueño del agua, yace
entre rumores dormidos,
callaron ya sus sonidos,
en el umbral donde nace.
Escrito en Enero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz “.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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