o bóveda, donde la resonancia
era más potente, desde el pulmón
o el vacío inerte de un silencio premonitorio.
Sin espectadores, durante la pausa o intervalo
de una nota suspendida, pero no ignorada.
Callaron las voces y se cerraron las bocas,
apretando los labios, en un recogimiento
casi religioso, en la austeridad que guarda
un minuto interminable de silencio.
Tan sólo un eco sordo y rotundo se fue
deslizando, hasta perderse en el vacío.
Callaron las voces para siempre,
y en el recuerdo se escuchan rumores,
o plegarias, moviéndose entre el oleaje
de un tiempo antiguo, dejando un estigma
imperecedero en la memoria.
Escrito en Enero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.“zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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