en silencio, mientras enhebra agujas de hielo,
con un hilo de blanca firmeza.
Desnudos, los árboles tiemblan bajo una capa
de armiño, blanca como los ojos que sueñan
pétalos rosados, en rubores de primavera.
Hay un brote de tristeza en la helada transparencia
de los cristales engendrados
por el sobrecogimiento, al tiritar
desde la entraña, buscando el calor húmedo
de la tierra.
El agua es ese beso sin suerte, que acude
para consuelo de una mirada fría, que llora
al sentir el cálido abrazo que protege
toda vida, que va despertando de su letargo.
Las flores de invierno, se deshacen
con la ternura de la primavera.
Escrito en Enero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

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