desde el punto de partida
y el tiempo de nuestra vida,
es tiempo que se diluye.
Igual que se muestra, viene
y se va, pues es su sino,
así es nuestro destino
y es que, en nada se entretiene.
No queda tiempo de espera,
para que quede resuelta,
la vida gira en su vuelta,
aunque al final, no se quiera.
Producto de la inquietud
es ese tiempo temprano,
que escapa de nuestra mano
en la tierna juventud.
Y aunque lo vemos muy lejos,
se llega a la conclusión
de que, en nuestra distracción,
nos vamos haciendo viejos.
Se pierden nuestros cabellos,
se va arrugando la piel
y se va agriando la miel
de los instantes más bellos.
Cuando todo se ha aprendido,
comenzamos a olvidar
y el tiempo de recordar
va a quedarse en el olvido.
Escrito en Enero 2026 por Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.
© Eduardo Luis Díaz Expósito.”zuhaitz”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario